Niki Lauda: El Campeón Del Mundo Cuya Vida Cambió Tras Un Accidente Memorable

Los diferentes deportes del planeta se vuelven más grandes aún cuando hay personas que sobresalen del resto de los competidores. Eso fue Niki Lauda para la Fórmula 1 y para toda la historia del automovilismo.

El mundo conoce su historia, sabe de sus esfuerzos, de sus logros pero sobre todo se lo reconoce por la capacidad de transformarse luego de lo que fue uno de los peores accidentes en la historia de la Fórmula 1, aquel accidente que marcó su vida, su físico y si historia para toda la eternidad.

Lauda y un origen en cuna de oro

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Foto de Rauschnick/picture alliance via Getty Images.

A diferencia de otros deportes como el fútbol, para practicar automovilismo, como también ocurre con el golf, son la mayoría que se destacan dentro de una familia adinerada, por lo costoso de practicarlo en sus inicios.

Niki Lauda se crió en Viena y rompió con los esquemas que le habían planteado desde antes de nacer. Él era llamado a ser el sucesor de su padre en la fabricación de papel, pero en el seno de una familia acaudalada, Lauda se decidió por el automovilismo.

¿Por qué venció en numerosas ocasiones?

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Foto de Grand Prix Photo/Getty Images.

Lauda acumuló 25 victorias en carreras y tres títulos del mundo. Su forma de manejar no era una que asombrara a los amantes del automovilismo ya que no realizaba sobrepasos alocados, sino que medía cada una de sus decisiones dentro de la pista.

Se le reconocía la inteligencia frente al volante, la llamada sangre fría. Y si bien la gran mayoría de las personas ajenas al automovilismo lo recuerdan por su accidente, él ya era leyenda previo a éste.

Una vida de gloria

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Foto de Dan Mullan/Getty Images.

La vida de Lauda se puede dividir en dos períodos, siendo claro el punto de inflexión en el accidente que le marcó la vida. Su debut en 1968 le significó la apertura a la Fórmula 3, y en 1971 se sumó a la Fórmula 1 en el Gran Premio de Austria, su país natal.

Los problemas mecánicos significaban por entonces un inconveniente menor en sus carreras hasta que en 1974 dio el salto a la escudería Ferrari. Allí comenzó a escribir su rica historia.

Su conexión con Ferrari los impulsó a todos

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Foto de Bernard Cahier/Getty Images.

Tras un destacado paso por el equipo March, fue el fichaje de su compañero de aquella escudería, Clay Regazzoni, que lo llevó a Ferrari.

Cuando el piloto suizo Regazzoni recaló en Ferrari, fue el propietario de la automotriz, Enzo Ferrari, quien le preguntó por Niki Lauda. Al interiorizarse de cómo era y cómo actuaba, lo incorporaron. Aquella decisión de Enzo Ferrari sólo tendría consecuencias positivas para todos las partes. Sobretodo para una escudería como Ferrari que no había logrado el impulso que deseaba a comienzos de los 60´.

Lauda y Ferrari, de la mano a la eternidad

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Foto de Klemantaski Collection/Getty Images.

En 1974 llegó el momento en el cual aquel niño de Austria que tenía que ser un trabajador industrial pudo comprobar que el dedicarse al automovilismo había sido una decisión positiva.

Niki Lauda obtuvo el Gran Premio de España, al mismo tiempo que se alzó con el lauro de Campeón Mundial al finalizar el calendario de carreras. Él ya no era un corredor más, sino que su persona trascendía el deporte.

El episodio que lo marcó para siempre

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Foto de ecuavisa.com.

Algunas circunstancias generan cicatrices psicológicas en las personas, en otros casos físicas y también pueden darse ambas. Aquella tarde en el Gran Premio de Alemania, en 1976, el destino marcó a Lauda.

El piloto austríaco chocó contra una barrera de contención y su coche se incendió por completo. Lauda sobrevivió, pero se le generaron quemaduras impactantes que casi lo llevan a la muerte. A partir de allí, su mito se acrecentó por sus previas victorias.

La cara del accidente

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Foto de Hartmut Reeh/picture alliance via Getty Images.

Aquella inteligencia frente al volante que demostraba en cada aparición fue nula aquel 1 de agosto de 1976. A más de 300 kilómetros por hora, Lauda perdió el control en una pista mojada y que era polémica para ser conducida.

Tras el accidente, Lauda acabó con una oreja abollada, un párpado destruido, la piel de la frente y de su perfil derecho todo quemado y con los trazos de los metales y el asfalto de la pista.

El problema de por vida que enfrentó

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Foto de Clive Mason/Getty Images.

Las victorias que cosechó, el accidente al cual se repuso, la personalidad con la cual ingresaba a cada pista, las decisiones que tomaba en su vida y en su profesión, y también cómo luchó Niki Lauda por su vida lo colocaron entre los deportistas más respetados de todos los tiempos.

Su vitalidad nunca caducó a pesar de tener que someterse a tres trasplantes de riñón y uno de pulmón por haber aspirado humos tóxicos en dicho accidente.

Un capítulo de su vida inspiró a millones

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Foto de Mark Cuthbert/UK Press via Getty Images.

Aquella situación que derivó en las quemaduras que le dieron una personalidad única a Lauda fue la misma que inspiró a los productores de cine para lanzar en el 2013, la película Rush.

En dicha ficción, en la cual el personaje principal es el actor australiano Chris Hemsworth, se narra la rivalidad de Lauda con el piloto británico de la Fórmula 1 James Hunt. El año 1976 sería para siempre, un calendario especial para los amantes del deporte.

Lauda tenía una visión crítica en cuanto a la seguridad

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Foto de Alvis Upitis/Getty Images.

De manera paradigmática, previo a su accidente, Niki Lauda era de aquellos pilotos que defendían la posición de que las medidas de seguridad que se habían introducido en su categoría, dañarían la Fórmula 1.

Buenas carreras, un poco de peligro, siempre está ahí. Así como el increíble rendimiento del conductor para mantener a estos autos bajo controlesbozaba Lauda. Y agregaba: “Si seguimos pensando sólo en hacerlo un 110% sobre los problemas de seguridad, vamos a destruir la F1“.

La profesión que reemplazó al automovilismo

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Foto de transponder1200.

Cuando Lauda alcanzó los 49 años, decidió alejarse temporalmente del automovilismo a raíz del accidente en Nurburgrin y fundó su propia compañía de vuelos chárter, la denominada Lauda Air.

Como fanático de la velocidad, el nuevo emprendimiento podría brindarle al austríaco la vorágine para reemplazar a la F1 aunque claro está, él no conduciría los aviones. En noviembre del 2000, Lauda fue expulsado de la empresa, pero continuó con su afición al comprar Aero Lloyd Austria, que acabó llamándose Niki.

Fue uno de los mejores pilotos de la historia

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Foto de ANDREJ ISAKOVIC/AFP/Getty Images.

Lo que se realza de Niki Lauda es que a pesar del histórico accidente, él continuó demostrando su poder ante el volante, mientras que bien podría haberle generado un miedo interno de no querer nunca más subirse a un monoplaza.

Lauda prevaleció en los torneos de 1975, 1977 y 1984 con Ferrari y McLaren e increíblemente, estas dos últimas coronaciones llegaron a posterior de aquella fatídica cita con el destino.

La rivalidad Lauda – Hunt

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Foto de Grand Prix Photo/Getty Images.

El enfrentamiento que Lauda mantuvo con el británico James Hunt era tan relevante que todos los pilotos que competían con ellos dos lo notaban.

Hunt era lo opuesto al austríaco, era la osadía, el desparpajo, una piloto que asumía riesgos y era más sanguíneo que pensante a la hora de conducir. Y en aquella temporada, en la que había sufrido el accidente, Lauda veía como Hunt se le acercaba en la tabla de posiciones mientras que él no participaba por su grave estado.

¿Bicampeón sin correr?

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Foto de GP Library/Universal Images Group via Getty Images.

Aquella temporada de 1976 sentenció la salida de Niki Lauda a principios de agosto por el accidente. Aún así, él podía consagrarse campeón por segundo año consecutivo por la gran diferencia que mantenía con James Hunt y Jody Sheckter que eran sus seguidores.

De manera increíble, a poco más de 45 días de Nurburgring, Lauda decidió correr nuevamente, para poder sentenciar el bicampeonato a su favor. Lauda estaba listo para volver…

¿Quién se hubiese animado a retornar en esas condiciones?

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Foto de Fox Photos/Hulton Archive/Getty Images.

La decisión de Niki Lauda en volver a las pistas a menos de dos meses de aquel inmenso accidente no sólo que parecía digno de un acto heróico y una muestra de su personalidad, sino que era tan impensado que podría ser considerado una falta de profesionalismo, una negligencia.

Lauda volvió con toda su determinación a competir, y antes de que finalice el año, intentaría quedarse nuevamente con un campeonato que no sería uno más en su carrera.

La última carrera, en Japón

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Foto de Grand Prix Photo/Getty Images.

El Gran Premio de Japón era la última carrera del año 1976. Hunt había podido acercarsele bastante pero Lauda lo aventajaba por tres puntos en la previa de la última cita. Para peor, el circuito en Monte Fuji presentaba una pista mojada, sí, nuevamente la lluvia era el oponente de Lauda.

En cuestión de unas vueltas, el austríaco decidió ingresar a los boxes y en un acto de sabiduría, abandonó la carrera. Declaraciones de aquella reunión al costado de la pista explican que Lauda prefería perder una carrera, un campeonato, a la vida.

Hunt sobrepasó a Lauda

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Foto de S&G/PA Images via Getty Images.

Con el destino que le jugó una buena pasada, y la oportunidad tras el fatídico evento en Alemania, Hunt pudo acabar cuarto en las posiciones generales de Japón, tras haber realizado una muy floja carrera y tener que remontar.

Tras aquel cuarto puesto, el británico pudo hacerse del campeonato por sólo un punto por encima de Lauda. La decisión de Lauda sin dudas había posibilitado su coronación, pero ello, a pesar de la derrota de Lauda, demostró lo que él era.

Grandeza pura

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Foto de Franco Origlia/Getty Images.

Que un personaje tan inspirado en las victorias haya podido descifrar en medio de una competencia por un campeonato que lo mejor para él era no continuar en la carrera le da una característica más humana y de grandeza a lo que fue Niki Lauda.

Él sí era un competidor nato, pero más aún era una persona inteligente que tomaba las mejores decisiones, dentro y fuera de la pista. Puede que aquel 1 de agosto de 1976 haya fallado, pero un error no empañará toda una vida de buenas decisiones.

Se recuperó al año siguiente

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Foto de Bernard Cahier/Getty Images.

Lauda debió afrontar en un mismo año un accidente que es historia pura en los deportes, pero también soportar que su máximo rival, ese que representaba una ideología opuesta, pudiera remontarle el campeonato en la última carrera.

Todos reconocen que de no haber sido por Nurburgrin o de haber llovido en Japón, Lauda hubiese triunfado, pero todo esto no se le interpuso al año siguiente. En 1977, se recuperó y desde la primera carrera a la última, se quedó con el campeonato.

Su vuelta en 1982

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Foto de Adrian Murrell/Getty Images.

Los grandes deportistas, aquellos de élite les resulta muy difícil el despegarse de su profesión, aquella que lo lanzó por los aires y hacia las mieles del éxito más buscadas. Fue por ello que en 1982, Lauda retornó a la F1.

A los dos años de su vuelta, el piloto austríaco consiguió su tercer título al vencer por medio punto a otra de las grandes estrellas que dio la disciplina, Alain Prost.