FIFA: nuevos paradigmas y desafíos en el mapa del fútbol

El cambio de mando de la federación que gobierna al planeta de los colores, la pasión, los medios y, también, los billetes, no podía ser gratis ni libre de responsables.

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Lo que hoy es una de las industrias más imponentes en orden a movimientos de divisas, fundamentalmente por los pases de los jugadores y los contratos de marcas y televisión, no podía continuar su camino sin una intervención de orden y control urgente. En un mundo que, desde lo económico, pretende y se esfuerza en dirigirse a mercados transparentes, la pelota no puede ser la excepción; es un penal que las autoridades máximas no pueden tirar afuera. Y en lo que se refiere a los gajos del balón que dicen “entretenimiento”, “show”, “representantes”, es tiempo de poner un poco de luz y abrir cajones llenos de polvo que los clubs tienen bien guardados. No será sencillo, pero no se vislumbra otro camino si pretenden seguir ordeñanando a una vaca que parece tener leche para todos.

Algunas señales positivas ya se han mostrado en orden a nuevas disposiciones, cambio en reglamentos, actualización de estatutos, participantes de este juego que fueron borrados y personalidades políticas que empiezan a retirarse. Cierto es que Europa lleva ventaja respecto de otras naciones emergentes en lo referido a organización de sus torneos pero tampoco escapa a la realidad que, en su poderío económico-financiero, cometen errores en su afán de dominio deportivo. Ligas regidas por entes que no tienen a su cargo seleccionados nacionales, convivencia de calendarios que no se dan la mano, feroz demanda del público, managers poco idóneos, son demasiadas cuestiones; en definitiva, muchos ingredientes para una coctelera que, tarde o temprano, derrama algún líquido. Ya han fijado topes para algunos mercados de pases, ya han sancionado a gigantes como Barcelona o Real Madrid, hay investigaciones por doquier, mas la pelota nunca puede detenerse. Es como si fueran arreglando un auto en movimiento; claro, es muy difícil.

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Será objeto de futuros artículos el sinfín de nuevos recursos y obligaciones que acarrean la globalización y el auge de nuevas tecnologías, pensadas para transmitir un partido a 16 cámaras online o, también, para planificar los entrenamientos de los jugadores. El abordaje de este deporte es tan multifacético como la vida misma o, en un escenario más extremo, el día a día de millones de personas.

Es un gran desafío, pues, para quienes llevan adelante la vida institucional de tantos clubs a lo largo y ancho del planeta lo que se plantea en los años sucesivos. Derechos de formación, restricciones para el uso de jugadores extranjeros, contratos cada vez más complejos con cláusulas infinitas y, en el medio de tantos llamados, mails, reuniones y conferencias, nadie quiere perder un partido. Sea por la gloria, sea por las inversiones realizadas. La sutil convivencia de los sentimientos y el dinero merece ser atendida con las mayores herramientas de profesionalismo y honestidad. Cada uno desde su lugar puede aportar a la causa para que el fútbol perdure. Amén.